Los errores en la mar afectan tanto a los civiles como a los militares
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- Category: Historia de la Marina Civil
- Published on Monday, 05 October 2026 22:07
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AEMC
Casos para investigar y desarrollar.
Los errores en el mar afectan tanto a los civiles como a los militares.
El análisis de los diarios de navegación y de los procesos judiciales (como los consejos de guerra y juicios de residencia) demuestra que, durante los siglos XVIII y XIX, las decisiones erróneas de los capitanes, marcadas por la soberbia, la presión política o la negligencia técnica, fueron detonantes directos de tragedias marítimas devastadoras.
A continuación se exponen tres de los casos históricos más emblemáticos de este período que ilustran estas dinámicas:
1. El naufragio de la fragata La Méduse (1816)
Este es, sin duda, uno de los ejemplos más oscuros de incompetencia militar y favoritismo político de la historia naval. [ 1 ]
- La decisión errónea: El capitán francés Hugues Duroy de Chaumareys era un noble que llevaba más de 20 años sin navegar. Fue nombrado por influencias políticas tras la restauración de los Borbones. Durante la travesía hacia Senegal, el gobernador colonial a bordo le presionó para que navegara rápido. Llevado por el orgullo y la prisa, Chaumareys ignoró sistemáticamente las advertencias de sus oficiales experimentados y las mediciones de profundidad de su teniente. [ 1 , 2 , 3 ]
- La consecuencia: La fragata encalló en el peligroso Banco de Arguin (Mauritania). El capitán entró en pánico, se negó a soltar los cañones como lastre para aligerar el barco y acabó evacuando a los oficiales en los pocos botes disponibles, abandonando a unas 150 personas en una balsa precaria. Tras 13 días a la deriva marcados por el hambre y el canibalismo, solo sobrevivieron 15 personas. [ 1 , 2 , 3 , 4 ]
- El juicio: El consejo de guerra posterior despojó a Chaumareys de sus rangos y condecoraciones, condenándolo a tres años de prisión por negligencia criminal. El caso inspiró la célebre pintura de Géricault, La balsa de la Medusa . [ 1 ]
2. El hundimiento del acorazado HMS Vanguard (1875)
Este caso de la Marina Real británica ejemplifica la incapacidad de un mando para evaluar el conjunto de las circunstancias en una emergencia inmediata de visibilidad reducida. [ 1 ]
- La decisión errónea: Mientras navegaba en un convoy por el mar de Irlanda, la escuadra fue sorprendida por una densa niebla. De repente, una pequeña embarcación civil cruzó la trayectoria del HMS Vanguard. Llevado por el instinto inmediato del momento, el capitán Richard Dawkins ordenó dar un violento viraje e introducir un drástico cambio de velocidad (frenado parcial), pero sin calcular cómo afectaba esto a los barcos de su propio convoy que le seguían de cerca ni enviar señales acústicas reglamentarias a tiempo. [1]
- La consecuencia: El buque que venía justo detrás, el HMS Iron Duke, incapaz de prever la maniobra ciega de su líder por culpa de la niebla, embistió de lleno al Vanguard con su espolón de proa, abriendo una vía de agua mortal que lo hundió en menos de una hora. Por fortuna, toda la tripulación pudo salvarse. [1, 2, 3]
- El juicio: El tribunal militar (Court-Martial) destituyó de su cargo al capitán Dawkins, dictaminando que su decisión de variar el rumbo y la velocidad en medio de una niebla cerrada, sin la debida comunicación táctica previa con el resto de la escuadra, fue la causa principal del desastre. [1, 2]
3. La catástrofe del HMS Captain frente a Galicia (1870)
Un claro ejemplo del siglo XIX de cómo los criterios de orgullo institucional y el empecinamiento del mando de armas podían superar los límites de la física naval. [1, 2]
- La decisión errónea: El HMS Captain era un navío de guerra experimental diseñado con un francobordo (altura del casco sobre el agua) peligrosamente bajo. El Almirantazgo ignoró las advertencias técnicas del arquitecto naval jefe Edward Reed. El capitán del buque, Hugh Burgoyne, un condecorado héroe militar pero obstinado en demostrar el poderío de su nave, decidió mantener desplegado un exceso de velamen durante una violenta tempestad en el cabo Finisterre para no retrasar los ejercicios de la flota.
- La consecuencia: Una ráfaga súbita escoró el buque. Al ir el barco tan sobrecargado y con el casco tan bajo, el agua inundó las cubiertas de inmediato. Cuando el capitán Burgoyne reaccionó y ordenó arriar las velas a gritos, el peso superior de los mástiles ya había superado el punto de no retorno. El navío volcó por completo y se hundió en minutos, cobrándose la vida de casi 500 marinos. Solo sobrevivieron 18 hombres. [1, 2, 3, 4]
Conclusión sobre los diarios de la época
Tanto en las armadas europeas como en la española, los juicios demuestran un patrón repetitivo: cuando el capitán priorizaba la prisa política, el orgullo militar o las exigencias económicas de los despachos por encima del dictamen de la geografía y del clima, el desastre era inevitable. La diferencia estribaba en que el sistema británico comenzó a exigir que sus capitanes aprobaran estrictos requisitos náuticos, mientras que en otros reinos las decisiones de "mar y guerra" siguieron divorciadas del conocimiento hidrográfico real durante demasiado tiempo.

